DOS PERSONAJES, DOS ACTITUDES Y UNA PROPUESTA

Un fariseo, un hombre religioso y observante de la ley, invita a Jesús a comer a su casa. Jesús, que no tiene prejuicios ni hace acepción de personas, acepta la invitación. De entrada, desconocemos el nombre del fariseo en cuestión. Podemos deducir que la intención del evangelista es que se sienta interpelado cualquier creyente que adopte actitudes similares. Veamos:

  1. Simón se cree en la verdad porque cumple la ley, por consiguiente, su conciencia está tranquila y no encuentra de qué arrepentirse. (“Al que poco se le perdona poco ama”).
  2. No descubre la actitud compasiva y acogedora que Jesús le brinda a la mujer que llora desconsolada y arrepentida.
  3. Se escandaliza de que Jesús tenga un gesto de ternura poniendo su mano sobre una mujer impura, porque lo prohíbe la ley y Él mismo se hace impuro.
  4. Sospecha, duda, de Jesús (“si este fuera profeta, sabría quien es esta mujer”)
  5. Y los demás comensales, fariseos también, se escandalizan y murmuran cuando Jesús la perdona.

Jesús.jpgVisto lo visto, Jesús se dirige ahora al fariseo y lo llama por su nombre. Le va a hacer una serie de reproches, a ver si cae en la cuenta de sus propios errores: Simón, cuando he entrado en tu casa, no me has recibido con las muestras de hospitalidad que se acostumbra a tener entre nosotros: No me has provisto de agua para lavarme los pies, no me has ofrecido tu beso de paz, ni has ungido mi cabeza con óleo.

Pero lo que más desconcierta a Simón, y al resto de los comensales, es que contraponga su conducta con la de la mujer, presentándola como modelo de creyente.

El segundo personaje es una contraposición total: es mujer y por añadidura, pecadora pública; sin nombre, sin reconocimiento, sin prestigio… Pero acude a Jesús equipada con las actitudes del verdadero creyente: Un gran amor y una fe ciega en Jesús.

  1. Con sus gestos hace públicos sus sentimientos, sin importarle el qué dirán.
  2. Se reconoce pecadora, acogida, liberada, salvada… y no por méritos propios.
  3. Ve en Jesús al Salvador que la regenera y le devuelve su dignidad.
  4. Confía plenamente en Él y lo hace objeto de un derroche de cariño.
  5. Por eso está llena de gratitud, generosidad y ternura.

La actitud de Jesús pone en entredicho al “observante” y destaca la actitud de la “creyente”, que ama mucho y cree a fondo perdido, porque se ha sentido salvada sin merecerlo.

Según lo visto, la propuesta de Jesús sería: Salva la fe que dinamiza el amor.

Hna. Josefina Peñas Toledano @PenasToled

Hospitalaria de Jesús Nazareno, Franciscana

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¿Qué hacemos nosotros?

En el evangelio hay dos escenas que pueden hoy identificarnos. Por un lado, la multitud que acompaña a la viuda. Una multitud que está atada a la muerte. Y por otra, la multitud que acompaña a Jesús y está a la expectativa. En el encuentro con Jesús la muerte y la vida se entrelazan, pero la vida es más fuerte que la muerte y termina por envolverles a todos. Al final, todos proclaman la gloria de Dios que les ha llevado a la vida.

jim_caviezelVivimos momentos duros de injusticia, absurdo, rabia y temor. Somos la multitud que acompaña con cantos de muerte la realidad de tanta gente desesperada, sumida en la injusticia y la muerte. Podemos quedar atrapados en esa realidad que enreda y ahoga o sencillamente mirar a Jesús y descubrir, en lo más profundo de la muerte, el signo de vida y abrazando la tristeza y la dureza del dolor, calentar con nuestra vida la frialdad del abandono y devolver la vida.

Podemos ser así el cortejo que aclama “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”. Me has librado de la mirada cómoda de quien se lamenta pero no hace nada; me has librado del escepticismo para llenarme de esperanza; me has librado de la rabia para convertir mi fuerza en dulzura y mansedumbre; me has librado del temor para fortalecer mis rodillas vacilantes y abrir mi boca en alabanza tuya, es decir en la defensa cierta del pobre; me has librado del pensamiento superficial para llegar a la profundidad de tu Palabra y convertirme en testigo tuya; me has librado de la individualidad egoísta para convertirme en carne de tu carne y ser así comunidad en comunión fraterna, mesa compartida; me has librado del odio y el absurdo para llevarme a la reconciliación contigo y desde Ti a todas las criaturas, a todos los hermanos y hermanas.

Vemos todos los días la muerte y la multitud que la acompaña, ¿qué hacemos nosotros para ser una comunidad de vida que entrega la vida para que otros tengan vida en abundancia? ¿Qué hacemos en la realidad visible de los refugiados, de la inconsistencia política de nuestro país, de quienes siguen obcecados por defender más los dogmas y estructuras que la alegría, libertad y vida del Espíritu?. ¿En qué cortejo queremos estar?

Como Francisco de Asís, una vez más, nos planteamos una pregunta: Señor, ¿qué quieres que haga?. Y espabilamos nuestros oídos para escuchar la respuesta “Repara mi Iglesia, que amenaza ruina, no te quedes en la edificación de templos de piedra. Abre tu corazón a los caminos intransitables del mundo y en ellos me encontrarás y despertaras a la VIDA”.

Hermana Carmen Pons

Franciscanas de la Inmaculada