Zaqueo en Camino

Zaqueo busca EL CAMINO…busca la verdad… está en camino.

Es un buen comienzo… es verdad que hay que ponerse en camino siempre. Estar en actitud receptiva y dinámica.

Zaqueo se siente incapaz, “bajo de estatura”, y se sube a un árbol.

La sorpresa de Zaqueo es grande cuando se siente llamado por el Maestro para que baje, que baje a su corazón con humildad, aceptando que necesita de Alguien para encontrar la respuesta o mejor para responder a la pregunta fundamental de su vida.

Zaqueo somos tú y yo. Tú y yo que buscamos el camino y a veces estamos muy alto y no somos capaces de bajar para que Dios nos toque, nos transforme la vida… ¡Dios puede hacerlo! Déjate encontrar…y Dios te hará nuevo.

Sor Luisa @guanelianasC
Hijas de Santa María de la Providencia – GuanelianasOLYMPUS DIGITAL CAMERA

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Encuentra al PUBLICANO que hay en ti.

Dos hombres, un fariseo y un publicano son los protagonistas del Evangelio de este domingo.

Hace unos días un sacerdote que conozco decía en una charla que para  los jóvenes era muy difícil ser humilde;  el joven lo tiene todo, es guapo, es fuerte, no le duele nada cuando se agacha, no se cansa… ¡Es casi un milagro ser humilde con tanto don! Los años, nos dan arrugas a unas y calvicie a otros (nos decía)…  nos dan dolores en los huesos y un agotamiento extremo en cuanto trasnochamos una noche… ¡¡no te cuento si son dos!! Y, lógicamente, eso nos muestra un límite que nos va haciendo humildes… casi, casi por la fuerza.

A los jóvenes católicos “de siempre” a veces a esta “juventud”, a tanto don, se nos añade algo más… Siempre hemos sido “buena gente”, no cometemos los excesos que han cometido “los otros”, somos cumplidores con los mandatos de la Iglesia (vamos a misa, incluso rezamos a diario, damos limosna… ) En fin somos una “perita en dulce”, majos y “buenos cristianos”. Y todo esto, QUE ESTÁ MUY BIEN, puede convertirnos, sin apenas darnos cuenta, en el fariseo del Evangelio.

Somos taaaaaaaaaaaan buenos… somos taaaaaaaaaaan majos, somos taaaaaaaaan maravillosos y lo hacemos todo taaaaaaaan bien que…  ni siquiera tenemos nada que agradecerle a Dios, casi casi ¡¡NOS LO DEBE!! E, incluso, llegamos a enfadarnos con Él si algo no nos sale bien.

laberinto copia.jpgHoy necesito ponerme ante Ti, Señor, con lo que realmente soy… no con lo “taaaaaaan maravillosa persona que parezco”… con mi pequeñez, con mi miseria, con mis límites y DARTE GRACIAS porque SÉ QUE SIN TI SERÍA MUCHO MUCHO PEOR QUE EL PUBLICANO DEL EVANGELIO, que los muchos publicanos que me rodean.

Este domingo, que celebramos el DOMUND, necesito darte las gracias y tocar mi límite, porque solo si me doy cuenta del publicano que hay en mí, podré buscar y ACERCARME al otro… Podré darle la mano de igual a igual y mostrarle Tu Camino, el único Camino que salva.

www.buscoalgomas.com

@buscoalgomas

LA FUERZA DEL DÉBIL

“Había una vez…” Así comienza San Lucas su Evangelio de este domingo 29 del Tiempo Ordinario.

Pareciera que se dispone a narrar un cuento, pero en realidad lo que hace es describir una situación real y tan antigua como la humanidad misma: el pobre y desvalido es la principal víctima de la injusticia.

“El juez que ni temía a Dios ni respetaba a persona alguna” no tiene nombre porque no retrata a una persona física, sino a la conducta perversa que teniendo el deber de buscar la verdad y hacer valer la justicia, saca réditos del pobre.Hma Juana Haití.jpg

El juez injusto es la imagen de una sociedad materializada que sin el menor escrúpulo explota al indefenso y al débil. Hoy día podemos constatar como las mafias proliferan, abundan los fraudes, los juicios injustos, las guerras fratricidas, la extorsión y la mentira acampan a sus anchas y el interés económico se antepone a la justicia. Se sigue “vendiendo por dinero al justo y al pobre por un par de zapatos (Am 2,3)”.

Sin negar lo anterior, el cristiano no puede ser catastrofista cuando tiene depositada su fe en un Señor que vino al mundo para acabar con todo eso: JESÚS NAZARENO.

“La mujer viuda que vivía en la misma ciudad” tampoco encarna a una persona física, sino a un estado de precariedad absoluta, pues ser mujer significaba carecer de derechos y si además era viuda, la desprotección era total.

La viuda representa al creyente que, depositando toda su confianza en Dios, sin escatimar esfuerzos, hace cuanto está en su mano por defender lo que es justo.

En efecto, si la injusticia es una lacra histórica, la lucha contra ella también ha sido constante. Desde los antiguos profetas hasta los actuales, nunca han faltado voces que han denunciado el mal y aupado al pobre y desvalido.

La fe es la fuerza del débil, el sostén del desvalido, el amparo del pobre y la seguridad del que ha puesto su confianza en un Dios que está de su parte.

La invitación de Jesús a orar con perseverancia, no manifiesta que a Dios hay que repetirle las cosas para que nos tome en cuenta; muy al contrario, ni siquiera necesita que se lo expresemos para implicarse (“Vuestro Padre conoce vuestras necesidades antes de que se las pidáis…” Mt 6,8). ¿A qué viene entonces la insistencia en perseverar en la oración?

Intuyo que a dos razones: porque la relación de amistad con Dios es la vocación más genuina del hombre, la que más lo dignifica, más feliz  lo hace y más sentido imprime a su vida y en segundo lugar, porque para nosotros es el mejor camino de fortalecimiento de la fe. “Si tuvierais fe como un granito de mostaza…” (Lc 17,6) nada se os resistiría.

Hna. Josefina Peñas Toledano

Hospitalaria de Jesús Nazareno, Franciscana